TestosteZona - Con el dolor de cerca

Recorriendo la violencia de género

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«Desconfío de la incomunicabilidad; es la fuente de toda violencia»-Jean Paul Sartre

 

Es de mañana y encendemos la televisión.

 

La pantalla muestra a una mujer con la mitad de la cara desfigurada, llorando ante las luces cegadoras de las cámaras de televisión que tratan de conseguir la toma más estremecedora, la frase más escandalosa, magnificar el sufrimiento que entretiene…

 

Se abre el periódico y ahí está otra mujer, golpeada porque no tuvo la cena a tiempo, porque su esposo la acusa de infidelidad, por cualquier otra excusa.

 

Una mañana cualquiera.

 

Una mañana como la de ayer o la de mañana, donde pareciera que están haciendo fila las historias de mujeres víctimas de violencia.

 

Tan común parece, pero tan lejano.

 

Y es lejano porque la pantalla o la hoja de un periódico se miran como otro mundo donde suceden desgracias, otro plano de existencia desdichada al que le prestamos poca atención.

 

Existe, pero como la mayoría de los sucesos sombríos, no solemos tomarle importancia hasta que lo vivimos en carne propia o en alguien cercano.

 

El problema de la violencia contra la mujer es uno grave y presente, del cual, tanto hombres como mujeres, debemos informarnos para conocerlo, prevenirlo y si llegase a presentarse, denunciarlo.

 

Entonces primeramente, ¿Qué es la violencia contra la mujer?

 

La ONU la define como: todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada” (Declaración para eliminar violencia de la mujer, 1993).

 

Tuve la oportunidad de conocer más de cerca este fenómeno al visitar el Centro de Justicia Familiar de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Nuevo León.

 

Me recibió Norma Leticia Platas, quien es la coordinadora de las Agencias del Ministerio Público de Justicia Familiar.

 

En este centro, que fue inaugurado a finales de 2005, se buscó conjuntar todas las instancias y recursos existentes en el Estado para hacer efectivos los derechos de las víctimas del delito.

 

En un solo edificio, una mujer puede llegar a establecer su denuncia, abrir un proceso de investigación, recibir atención psicológica, revisión médica, asesoría legal, entre otros servicios.


El Centro opera las 24 horas de todos los días del año.

 

En él, los ciudadanos acuden a realizar denuncias por cualquier delito que afecte a la familia, como violencia, sustracción y corrupción de menores, delitos sexuales, etcétera.

 

Un servicio particularmente impactante se ofrece a personas que se encuentren en riesgo, ya sea porque el afectado lo manifieste o la autoridad así lo considere.

 

El Centro cuenta con un albergue donde pueden quedarse varias familias.

 

En él hay sala, comedor, televisión, cuartos bien acondicionados y baños.

 

Es una burbuja donde la paz regresa por un momento. Paredes que son y se sienten seguras.

 

Ver a las mujeres y los niños en calma, comiendo con aparente tranquilidad, pero con cierto espesor en la mirada, apenas si forma una idea de lo que han vivido.

 

En este sentido, Platas considera que a pesar de lidiar con casos de suma crudeza diariamente y con el mayor profesionalismo posible, uno no puede ni debe volverse insensible, a fin de cuentas el dolor humano debe movernos.

 

Por los pasillos del Centro caminan doctores, abogados, policías, psicólogos y maestros, cada uno con historias bajo el brazo, brindando su pedazo de atención ante las víctimas que parecen interminables.

 

La labor del Centro nos brinda la pauta para realizar reflexiones acerca de este problema que afecta en su mayoría a las mujeres, pero impacta en toda la sociedad.

 

Platas apunta que alrededor del 90 por ciento de las denuncias son presentadas por mujeres, pero también existen casos donde es el hombre quien sufre el maltrato, pero por los muchos condicionantes sociales, pocas veces se anima a denunciar.

 

Aunque es un problema inmenso, lo que percibí en esos pasillos puede resumirse en dos palabras: comunicar y reconstruir.

 

Comunicar que la violencia de género es un problema real en nuestra sociedad y debemos ser sensibles a él.

 

Comunicar que existen leyes que protegen a las víctimas e instituciones encargadas de entenderlas.

 

Comunicar que la dignidad de las mujeres no es una opción, sino un derecho, y pueden y deben denunciar cualquier clase de violencia en su contra.

 

Y reconstruir, porque la violencia destruye.

 

El hogar, la autoestima, la educación de los hijos, la salud física y mental.

 

Pero es posible un proceso de sanación en todos los aspectos, donde las mujeres, al tomar conciencia de su situación, deciden cambiarla para mejorar.

 

Tenemos más cerca el dolor de muchas mujeres de lo que nos imaginamos.

 

Recorrer esos pasillos y ver los rostros, sus rostros de expresión aún oscura, por momentos descorazona…

 

Pero está ese otro lado, de personas que buscan recoger las piezas y armarse nuevamente, de quienes a pesar de lo vivido tienen la voluntad de transformarse: de víctimas en el silencio a mujeres que reconstruyen su salud y dignidad.

 

Para mayor información:

 

Centro de Justicia Familiar

Ocampo 265 Pte. Entre Cuauhtémoc y Garibaldi

Centro. Monterrey, Nuevo León

Teléfonos: 20205901  /  20205930  /  20205974

 

 

Gilberto P. Miranda para TestosteZona

 


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