Cómo comprar, guardar y preparar la lechuga

Elige una lechuga fresca y consérvala muy bien en tu refri, siguiendo estas recomendaciones.

Cómo comprar, guardar y preparar la lechuga

Por increíble que parezca, la lechuga ha sido cultivada por más de 2500 años y son los romanos quienes cultivaban una gran variedad de lechugas.

Hoy en día las más conocidas y socorridas por toda ama de casa son la lechuga butterhead o mejor conocida como lechuga de mantequilla, looseleaf, iceberg, y romana.

Para elegirlas…

Solo basta con que esté fresca y crujiente, no hay manera de devolverle lo crujiente cuando ya se ha perdido. En el súper, la lechuga debe encontrarse en un área de vegetales con refrigeración, ya que de lo contrario se echan a perder con gran facilidad y rapidez.

Evita elegir aquellas que contengan hojas amarillas, con manchas oscuras y de consistencia viscosa. Busca que las hojas estén sanas, la parte más nutritiva de la lechuga está en sus hojas.

Para la lechuga iceberg, si notas que el tronco es de color café, no le des mucha importancia, la mayoría de las veces es producto de la cultivación y no necesariamente de que ya no sirva.

Una manera fácil de detectar si este tipo de lechuga está sana, siempre y cuando esté cubierta de plástico, es oliendo el tronco, si éste huele dulce significa que está en buen estado.

En cuanto a la lechuga romana, evita aquellas que tengan hojas muy grandes, ya que pueden ser muy duras y fibrosas.

Para guardarlas…

Lo ideal es una bolsa de plástico en el refrigerador. Una lechuga iceberg puede durar hasta dos semanas, la romana 10 días aproximadamente, ya que sus hojas son muy suaves; y las demás lechugas pueden durar alrededor de 4 días.

Evita guardar la lechuga cerca de las frutas como manzana y plátano, ya que el gas de estas frutas ocasiona una rápida descomposición.

Para prepararlas…

Recuerda siempre que debes lavarlas y luego desinfectarlas antes de consumirlas. Primero corta la cabeza o raíz, pues es ahí donde se conserva la mayor parte de la tierra.

Luego lava las hojas y deja remojar con agua y unas gotas de desinfectante (dependiendo de la cantidad de agua). Deja escurrir y ahora sí, la lechuga está lista para una rica ensalada fresca.

 


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