¡Llegó el hermanito!

El nacimiento de un hermanito suscita a veces en el niño los celos, para atenuar hay que preparar el terreno

¡Llegó el hermanito!

Antes del nacimiento, deben preparar al mayorcito para la llegada del bebé, si es que está en edad de comprender lo que pasa, es decir, si tiene por lo menos dos o tres años. ¿Cómo? Haciendo que participe en los preparativos: el arreglo de la cuna, la elección de la ropa del bebé o de los juguetes que decorarán la habitación. Más adelante, cuando el nacimiento sea inminente, evita darle la impresión de estarlo rechazando o de que es menos amado.

Si es absolutamente indispensable dejar a tu otro pequeño, la separación no debe ser demasiado larga, es decir, no más de 5 días sin verlos a ustedes. Si por alguna emergencia te quedaras hospitalizada, su papá o abuelitos deben estar tan cerca de él como si fueras tú misma.

Si el nacimiento de tu bebé coincide con la entrada al kínder del más grandecito, lo mejor es que demores unos días esa entrada, porque podría pensar que quieren alejarlo de ti y odiará la escuela. No fomentes celos ocupándote sin cesar del recién nacido delante de él, y cuando regrese del cole no lo recibas con tu bebé en los brazos, porque se sentirá frustrado. Ten mucho tacto, sobre todo en los primeros meses, mientras se acostumbra a su presencia.

Si alguna vez lo sorprendes maltratando al pequeñín, no lo castigues, ya que solo aumentarás su angustia y desesperación y lo harás más desgraciado todavía. Recuerda que él cree que ya no lo quieren ¡y tú se lo confirmas si lo castigas! Lo mejor es hablar con él, diario, todo el tiempo, explicarle que el amor no se dividió, sino que se duplicó y que así como a él lo cuidaste tanto cuando estaba chiquitito debes hacerlo ahora con su hermanito, inclúyelo, si lo haces partícipe de su cuidado las cosas serán más sencillas. Pero mientras lo asimila más vale tomar algunas precauciones, sobre todo cuando hay mucho rechazo: nunca los dejes solos y está muy alerta de las cosas que puedan estar a la mano del mayorcito y que puedan convertirse en proyectiles o en cosas que pueda meterle a la boquita.

En pocas palabras, hay que evitar por todos los medios que la aparición de un nuevo hermanito hiera los sentimientos del más grande, lo que no siempre es fácil. Recuerdo que una amiga mía se las vio difíciles. Su hijo Memo estaba celosísimo de su hermanita a pesar de que habían hecho todo lo posible para evitarlo. Cuando la bebé nació, prepararon para Memo una habitación nueva y se la decoraron estupendamente, ¡hasta le pusieron un sofá! (con la intención de que se sintiera súper grande). Creyeron que eso lo iba a volver loco de alegría; pero ¡Oh! sorpresa, Memito se puso furioso: le habían robado “su cama”, “su dormitorio” y, ¿para qué? ¡Para dárselos al bebé! Él no quería una habitación nueva ni un sofá ¡que se los dieran a su hermanito!

Lo mejor es no cambiar nada en la vida del mayor, ofrécele más bien algunas ventajas nuevas o especiales. Regálale algo bonito y que haya deseado mucho cuando llegue el bebé para hacerlo partícipe de la fiesta y de la alegría de todos.

Pero, sobre todo, demuéstrenle mucho cariño, tanto más cuanto más celoso y poco amable se muestre. Recuerda que un niño que se porta mal es probablemente un niño infeliz.

Ten en cuenta que es el único que conoció la vida dorada de hijo único. Es un pequeño rey sin rival, colmado y mimado durante algunos años y que un buen día es enviado a casa de su abuelita. A su regreso, encuentra instalado triunfalmente sobre las rodillas de su madre a un desagradable muñeco rojizo, feo, llorón a quien muchas personas vienen a admirar con las manos llenas de regalos. Mientras a él parecen haberlo olvidado. La conmoción es intensa: ¿cómo va a reaccionar?

Las reacciones inevitables. Se pueden presentar varios tipos de reacciones. En ciertos niños el drama de los celos pasará casi inadvertido para los adultos que lo rodean; tendrán algunas pesadillas por la noche, y de pronto se volverán un tanto tímidos, huraños y ensimismados.

Otros niños reaccionarán con violencia: “¡Qué feo es, parece tomate, hay que devolverlo!” Despedazado entre el amor y el resentimiento, el cólera y el temor, el niño llegará a desear inconscientemente desaparecer a su rival.

Algunos niños, desesperados y vencidos, reaccionan con una especia de marcha atrás; se niegan a caminar, vuelven a hacerse pipí en la cama, no quieren comer y solo aceptan los biberones: “olvidan” todas las palabras aprendidas y emplean un lenguaje marcadamente infantil, expresando así su deseo secreto de volver a ser bebés mimados.

Pero no te angusties demasiado, desafortunadamente son reacciones muchas veces imposibles de evitar, pero poco a poco junto con los meses se irán atenuando los celos. Mientras tanto tu deber es inundar a tu hijo de cariño y atenciones y ayudarle al tiempo a borrarlos con mucho amor.

Comentarios

12/03/2011 12:23:55 p.m.

Estoy atravesando por esta situación con mis dos hijas, y el mal comportamiento de mi hija mayor se acentuó mucho, he pensado en llevarla a un psicólogo pero me han dicho que aún es muy pequeña, realmente uno quisiera partirse en dos, para no tener que descuidar la atención un sólo momento a ninguna de las dos...
sheybb

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