Transforma tragedia en su salvación

Virginia Sendel, hace un lado a su dolor para sanar el de otros

Transforma tragedia en su salvación

Siempre se ha dicho que perder a un hijo es una pena tan intensa, que doblega y marca hasta al más fuerte de los seres humanos.

La periodista y filántropa Virginia Sendel vivió hace 12 años una de las tragedias más impactantes que pudiera sufrir una mujer: perdió a su hija Michelle Lemaitre Sendel y su nieto, Mauricio González Lemaitre, de tan solo cinco años, en un incendio casero.

Era diciembre de 1998 y un cortocircuito en el pino navideño envolvió en llamas el hogar de la joven madre.

Michelle salvó a dos de sus hijos a quienes lanzó de una ventana, pero regresó al interior para intentar rescatar a Camila, entonces de tres años, y a Mau, sin saber que los bomberos ya los habían rescatado con quemaduras severas.

Michou, como la llamaban en vida a Michelle, murió calcinada; Cami y Mau fueron trasladados a un hospital del Distrito Federal, en donde Sendel se topó con un deficiente servicio médico y fue entonces cuando por su mente pasó crear un organismo para ayudar a víctimas de incendios: la Fundación Michou y Mau, de la que ella es fundadora y presidente.

“En el hospital de México nos decían que si los movíamos (trasladaban a un mejor hospital) morían y es al revés, un niño quemado, el quemado, entre más pronto reciba atención especializada, en horas, tiene más posibilidad de salir adelante”, dice a nosotros2, Sendel.

“Diez días después, Mau llegó infectado ya al Hospital Shriners de Galveston, Texas, a pesar de haber estado en el mejor, o por lo menos el hospital más caro de México. Sus posibilidades (de sobrevivir) fueron pocas aunque él tenía 50 por ciento de su superficie corporal quemada, tenía cinco años, y Cami tenía 45 (por ciento) y tenía casi tres años. Mau se infectó en el camino. Murió 20 días después del accidente”.

“Cuando ví que el personal del hospital (Shriners) entregó su corazón y su alma e hicieron todo lo posible por sacar adelante a Mau y me sacaron adelante a Camila en una forma maravillosa… ahí mismo yo juré, el día que murió Mau, que a ningún niño mexicano le volvía a pasar eso: morir por no recibir atención especializada”.

Transcurrieron casi tres meses del fatal accidente, cuando Sendel regresó a México con Camila. Fue entonces cuando cayó en cuenta de que no había vivido el duelo por la pérdida de Michou.

“Había estado pendiente de la vida de mis dos nietos, o sea no le había dado el golpe a lo de Michou. Vinieron sus amigas, me sacaron de la cama y me dijeron: ‘es que tú habías prometido hacer una fundación, ahora te levantas y vamos. ¿A dónde se tiene qué ir? ¿qué tenemos qué hacer?’ y me llevaron. Se firmó (la fundación) a los 15 días y a los otros 15 tuvimos el primer traslado; no sabíamos con qué lo íbamos a pagar, se pagó con mi tarjeta de crédito, sin tener el apoyo económico atrás, pero a partir de ese momento conseguimos 'padrinos' y nunca nos ha vuelto a faltar para trasladar a un niño en riesgo de perder la vida”, dice.

La Fundación Michou y Mau asiste a niños mexicanos con quemaduras, sobre todo de sectores de escasos o nulos recursos; establece programas de prevención para reducir la incidencia de niños quemados, establece programas de capacitación médica, impulsa el desarrollo de servicios médicos locales avanzados e investigación y establece enlaces con organizaciones nacionales e internacionales referentes a la atención especializada de niños quemados.

Sendel dejó su carrera periodística que ejerció profesionalmente durante más de tres décadas para enfocarse a su fundación de tiempo completo y con el pesar a cuestas.

“El dolor no se quita; el vacío que te queda en el corazón, o en el alma, o en el espíritu, o en el cuerpo ahí están; pero también pensando en que por algo me quedan dos hijos de Michou, y en lo que ella quisiera… agarrándome de una tablita de salvación, que sin darme cuenta (la fundación) se convirtió en eso, en mi salvación”, expresa.

¿Qué le enorgullece a usted a 11 años de distancia?

“El inicio de la fundación y el haber tenido la fortaleza cada día y salir adelante. Tengo dos hijos, otro nieto, uno que viene en camino, una nuera. Yo soy la roca, soy el núcleo de la familia y si yo me hundo, se hunden los demás… todo es la vida y la muerte… es un gran dolor cuando pierdes en una forma antinatural, porque no es normal que tus hijos, y menos tus nietos, se vayan antes que tú”, dice.

Once años podrían traducirse a acostumbrarse a vivir la tragedia de otros y tal vez pensamos que te transformas en cierto punto en un ser humano insensible. Pero, Sendel aún se conmueve, se transforma en un ángel de niños necesitados y que sufren el dolor de quemaduras que ponen en peligro su vida.

“Todos los casos son impactantes y fuertes, pero uno de los más impactantes fue de un bebé con segundos de haber nacido, que al enjuagarlo lo hicieron con agua hirviendo y lo quemaron y lo trasladamos en una incubadora.

“Otro caso reciente es de un chiquito de ocho años que le metieron o se metió en la boca un cohete y le explotó dentro y le voló toda la cabeza; no lo trasladamos porque sabíamos que no iba a vivir, pero se le hizo la vida más cómoda, hasta que falleció”, cuenta.

Y por si el dolor no fuera intenso para esta mujer, hace tan sólo casi tres años, Lorenzo González Lemaitre, uno de los hijos de Michou, sobrevivientes a ese incendio fatal, murió ahogado en el Lago de Tequesquitengo, justo cuando celebraba su cumpleaños.

¿Dentro de todo esto cuál ha sido el principal logro para Usted y su fundación?

“Despertar conciencias en las autoridades mexicanas de que existe el niño quemado en México y que merece la atención que requiere en nuestro País.

“Tengo tres angelitos (Michou, Mau y Lorenzo) en algún lado que nos apoyan con esto y se que los tres, sobre todo mi hija, están muy orgullosos de lo que hemos logrado”, finaliza.


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