¿Estas enferma y temes contagiar a tu hijo?

Toma nota de unos sencillos consejos para que lo protejas.

¿Estas enferma y temes contagiar a tu hijo?

Antes te enfrentabas a ciertas enfermedades con mucha tranquilidad, pero ahora creerás que todos tus problemas de salud podrán perjudicar a tu pequeño y querrás hacer cuanto esté en tus manos para protegerlo. Entérate de los consejos de un pediatra, para que hagas lo posible para no contagiarlo.

Si se trata de un resfriado
El culpable de los resfriados es uno de los numerosos rinovirus que circulan por el aire y que atacan la garganta, la nariz y los bronquios.

Precisamente por ello, tu respiración será muy peligrosa para tu pequeño, pues contendrá los microorganismos culpables de la infección respiratoria de la que eres víctima. Y si llegan a atacar a tu pequeño, éste también se resfriará.

¿Cómo puedes protegerlo?

  • Si lo estás amamantando, usa un cubrebocas, para impedir la propagación de los microorganismos a través de la respiración. Pero en cuanto disminuyan los síntomas del resfriado, podrás dejar de utilizar el cubrebocas.
  • Al estornudar o toser, pon tu mano delante de la boca, ya que cuando lo haces, los virus son lanzados a un metro y medio de distancia. Si tu pequeño se encuentra dentro de ese radio de acción, se podría contagiar fácilmente.
  • Antes de que lo amamantes o lo cambies de pañal, deberás lavarte las manos. Aunque son una pantalla contra los accesos de tos o los estornudos, las manos también se pueden convertir en un insospechado vehículo de contagio. Será necesario que las laves con mucho cuidado, las enjuagues y las seques bien.
  • No pruebes sus alimentos con la misma cuchara con la que le darás de comer.
  • Evita besarlo o acariciarle su carita mientas la infección esté en su etapa más aguda. Porque será a través de tu respiración, como los gérmenes logran propagarse a medio metro de distancia de tu boca.

En caso de cándida en el pecho
Si lo estás amamantando, deberás examinarte con frecuencia los pezones, sobre todo si te causan dolor o te arden. Pues estos síntomas pueden constituir el indicio de que existe una infección por hongos y, más en concreto, por cándida, un microorganismo que se anida en la piel de forma natural, pero que, en ocasiones, puede volverse agresivo y la infección podría pasar a tu pequeño.
 

Uno de los puntos de ataque más frecuentes son las mucosas de la boca, que se cubren de pequeñas manchas blancas (muget o algodoncillo). La cándida también puede afectar al intestino, ya que se puede propagar por el aparato digestivo, y llegar incluso al ano, donde provocaría una dermatitis de pañal específica por cándida.

¿Cómo puedes protegerlo?
Aunque la infección esté localizada en el pecho, no será necesario que renuncies a la lactancia. Por lo tanto, para evitar contagiarlo debes:

  • Aplicarte cremas antibióticas especiales (que sean por prescripción médica) en el pecho, después de que amamantes a tu pequeño.
  • Antes de la siguiente toma, lávate cuidadosamente el pecho, para que evites que el sabor de la leche le resulte desagradable y tu pequeño no quiera comer.
  • Pide al pediatra que le recete a tu pequeño un jarabe antimicótico durante unos diez días, para que impidas que la infección se propague a sus intestinos. Emplea el mismo producto para que limpies el interior de su boca, utilizando una gasa esterilizada que le pasarás delicadamente por las mucosas orales. Se trata de un medicamento apropiado para los niños que no es absorbido por la sangre y sólo actúa en las mucosas de la boca y del intestino.

Y con la conjuntivitis
Esta infección que suele presentarse sin previo aviso, y se manifiesta enrojeciendo un ojo, éste se hincha y lagrimea abundantemente. En poco tiempo, la infección pasa al otro ojo y el lagrimeo se transforma, primero en una secreción más densa y blanquecina, y después, en una sustancia viscosa y amarillenta que pega los párpados.

La delgada membrana que protege el interior de los párpados y la parte anterior del ojo resulta dañada por la agresión de los gérmenes, que pueden pasar a otros ojos, incluidos obviamente los de tu pequeño.

¿Cómo puedes protegerlo?

  • Deja una toalla para tu uso exclusivo. Las más indicadas son las toallitas de papel desechable, las cuales deberás tirar a la basura inmediatamente después de haberlas utilizado.
  • Antes de que toques a tu pequeño, lávate siempre las manos cuidadosamente.
  • Olvídate de las caricias y contactos directos entre la zona de tus ojos y el pequeño.
  • Consulta inmediatamente al oculista.
  • Si la conjuntivitis es de naturaleza bacteriana, el médico te recetará unas gotas antibióticas para que tengas una rápida recuperación.

En caso de herpes labial
El herpes labial, no tiene consecuencias graves para ti, ya que se trata de una infección leve, que se cura en muy poco tiempo, sin embargo, podría resultar peligroso para tu pequeño, pues puede ocasionarle una infección en los ojos, o bien dar lugar a una infección generalizada.

¿Cómo puedes prevenirlo?
El contagio sólo se produce por contacto directo con las vesículas, en las que anda el virus culpable del herpes labial. Así qué:

  • Evita el contacto de tus labios sobre tu pequeño.
  • Antes de que prepares sus alimentos, de que lo cambies o lo cargues, lávate las manos con cuidado.
  • Cuando las ampollas se hayan vuelto pequeñas costras, podrás volver al comportamiento normal con tu pequeño, pues en esta etapa la infección ya no será contagiosa.


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