El vínculo afectivo con tu bebé

Uno de los sentimientos más grandes que puede tener el ser humano

El vínculo afectivo con tu bebé

Pocas relaciones son tan privilegiadas como la que se establece entre tú y tu hijo. Unos hablan de entrega incondicional, otros de intercambio entre partes, pero todos coinciden en el poder de este vínculo, fundamental para la evolución del niño y para su desarrollo personal.

Convertirse en madre lo cambia todo. La maternidad hace más profunda la conexión con todas las cosas de la vida. Desde el momento de su nacimiento, se sirve por y para el hijo.

No siempre es fácil, pero no puede encontrarse una mayor sensación de estar completamente viva. Aunque durante años se ha hablado largo y tendido del instinto maternal, lo cierto es que este vínculo tiene raíces muy complejas.

En contra de lo que algunos piensan, este sentimiento no se establece en el primer encuentro, todo comienza desde que se desea realmente tener un hijo y se va alimentando de la relación que se ha mantenido con él durante los nueve meses del embarazo. En el momento del parto se cristalizan todos estos sentimientos que se han gestado durante este largo tiempo.

El primer encuentro
Cada vez son más los expertos que insisten en que colocar al recién nacido sobre el vientre de la madre después de la expulsión, es un factor desencadenante en esta relación.

Por primera vez, la madre puede volcar todo su afecto acariciando su piel, mirándolo, hablándole...y se producirá una comunicación recíproca. El pequeño será capaz de expresar sus propios sentimientos: fijará la mirada en ti, llorará, sonreirá, se calmará.

Numerosos estudios han demostrado que las mujeres que se vinculan se convierten en mejores madres y que sus hijos son más sanos, emocionalmente más estables e intelectualmente más agudos que los niños separados de su madre inmediatamente después del parto.

Todo lo que una mujer hace y dice después del parto- los arrullos, abrazos, besos, caricias e incluso miradas aparentemente sin propósito- cumplen un objetivo concreto: proteger y nutrir al pequeño.

Expresarse con los gestos
Los medios de comunicación de un lactante con el mundo exterior son limitados, por eso intenta comunicarse con sus gestos y la sonrisa es uno de los primeros a su alcance.

Se dice que incluso muchos de los reflejos arcaicos pueden ser manifestaciones del vínculo primordial del neonato con su madre. Basta con observar durante algunos segundos al niño sobre el vientre materno después del nacimiento: trepará sobre su piel para hundir su nariz en sus senos y alcanzar su rostro.

Desde sus primeros días de vida, el pequeño intentará comunicarse de diferentes formas. A través de los gritos y movimientos expresará su placer, aprobación o disgusto.

Aunque la necesidad del apego es innata, la elección del objeto de dicho apego que suele ser la madre en el 70 de los casos, es fruto de un aprendizaje más o menos largo. El niño no inventa este “objeto de apego”, se forma en el largo proceso de intercambio afectuoso con ella y con el resto de la familia.

Los psicólogos han reflexionado sobre este tema, comenzando por el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, quien definió este apego como una fuerza interior que empuja al niño a satisfacer si libido, mamando el seno materno. Es un intercambio de amor por alimento; sería como “te amo porque me alimentas”.

Los psicólogos conductistas comparan el recién nacido con el comportamiento de otras especies animales. Pero este vínculo no está relacionado con las exigencias de las circunstancias: para otros psicólogos se trata de una relación de afecto específico entre dos individuos.

Otra escuela de pensamiento asegura que esta relación se basa en el intercambio y en el bienestar de ambos. Esto hace que el recién nacido se una al cuerpo de su madre y que ésta responda con abrazos y afecto. De esta forma, el niño influye en el comportamiento de la madre enriqueciendo la relación.

¿Y si hay problemas?
A veces, especialmente después de un parto difícil, si la salud del bebé está en peligro o si por ser prematuro necesita permanecer en la incubadora, este primer encuentro no es posible.

En estas y otras ocasiones pueden aparecer problemas. Algunas mujeres sienten que el parto traumático dificulta la relación y llega a entorpecer el flujo de este cariño. “Esto no significa que las mujeres de contacto tardío serán malas madres. Los sentimientos maternos de la mujer son demasiado complejos y personales para reducirlos por completo a reacciones biológicas.

Los millares de momentos íntimos que a lo largo de la vida unen a la madre y al hijo también son importantes. Conviene no obsesionarte. Recuerda que nunca es tarde para estrechar lazos y, en vez de lamentarse por el tiempo perdido, hay que sacar el máximo provecho cuando se esté con el bebé y prepararse para el futuro.

¿Cómo se fomenta este vínculo?

  • Comunícate con él durante el embarazo; háblale, acarícialo, sé parte de su vida.
  • Incluye a papá en esta relación. La mayoría de los hombres viven con gran emoción el contacto con su hijo a través de sus primeros movimientos. Desde ese momento valoran más su participación en el embarazo.
  • No te pierdas el primer contacto piel a piel, nada más nacer: es muy gratificante. Las madres que establecen este vínculo en los primeros minutos y horas de vida, se preocupan más por el bebé, hablan más con él y lo acarician con más frecuencia. Al ocuparse más intensamente de su hijo, fomentan la adquisición temprana del habla y un mayor desarrollo de otras facultades, como más inteligencia de lo normal.

Comentarios

4/04/2012 6:02:09 p.m.

ÉSTA ES MI NOTA. :)
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