Las vacunas y las inmunizaciones del bebé

¿Para qué sirven? ¿Porqué son importantes? Infórmate y previene

Las vacunas y las inmunizaciones del bebé

Aunque cada vez que vacunen a tu bebé sientas que te duele más a ti que a él, debes saber que la inmunización es una de las herramientas más efectivas para evitar que los niños desarrollen enfermedades serias.

Como madre reconoces la importancia de las vacunas, pero sufres con cada inyección que recibe tu pequeño. Aunque algunas veces le temes a los efectos secundarios, las vacunas son, de hecho, la herramienta más efectiva de salud pública en materia de prevención.

Gracias en parte a los avances de inmunización, la expectativa de vida se ha incrementado en cerca de 30 años. Hoy, después de la introducción de la vacuna contra la polio, en los años cincuenta, la enfermedad está prácticamente erradicada. Asimismo, los casos de paperas, sarampión y rubéola se han reducido drásticamente.

¿Cómo funcionan?
Cuando contraes un virus, tu sistema inmunológico prepara un conjunto de defensas para atacarlo. Tu organismo desarrolla anticuerpos para eliminarlo y en caso de que lo contraigas nuevamente, será reconocido y destruido.

Las vacunas trabajan de un modo similar. Éstas contienen virus muertos (inactivos), débiles o partes purificadas de ellos, completamente benignos. Una vez que se introducen en tu cuerpo, provocan una respuesta inmune similar a la que desarrollas cuando contraes la enfermedad o infección: tu organismo crea anticuerpos específicos que matarán y neutralizarán al virus en el futuro. Esto quiere decir que las vacunas te protegen de una enfermedad sin que tengas que sufrirla.

Los bebés deben ser inmunizados por primera vez  desde que nacen, dependiendo del esquema de vacunación vigente en el país. La cartilla de vacunación se va modificando con el tiempo, debido a que constantemente surgen nuevos virus o bacterias.

Por ejemplo, hace poco se introdujo a dicho esquema la vacuna que inmuniza contra la bacteria neumococo, la causa más común de meningitis, neumonía e infecciones del torrente sanguíneo; y además previene ciertas infecciones del oído.

Hace veinte años, un niño recibía nueve inyecciones para ser inmunizado contra siete enfermedades: tétanos, difteria, tos ferina, polio, paperas, sarampión y rubéola. Hoy existen más de 23 vacunas.

Algunas requieren múltiples inyecciones, en parte porque la respuesta inmunológica puede disminuir con el tiempo a diferencia de la inyección natura, que deja inmune a la persona de por vida. Las dosis adicionales o inyecciones de refuerzo protegen por más tiempo.
Muchos padres quisieran ver reducido este número. Pero hay una buena noticia, se estudian nuevas combinaciones de vacunas que pueden disminuirlo.

Hay quienes cuestionan la seguridad de las vacunas, porque le temen a reacciones adversas o a poca efectividad. Pero no hay de qué preocuparse; en el mundo, serios y confiables organismos especializados vigilan la introducción y la aplicación de vacunas.

Cualquier modificación en la dosis o en los componentes de la sustancia obedece a razones de seguridad. Por ejemplo, la vacuna antipolio dejó de ser un virus vivo para cambiarse por uno muerto que provee mayor protección y representa menos riesgo.

Mientras todos los padres están de acuerdo en no querer que sus pequeños contraigan polio o meningitis (cuyos efectos secundarios pueden incluir ceguera, sordera, retraso mental y muerte), la necesidad de la vacuna contra la varicela aún es cuestionada.

Algunos se preguntan por qué no se permite a los niños quedar expuestos a la enfermedad naturalmente, como ellos lo hicieron en la infancia. Aunque la varicela representa mayores riesgos cuando un adulto la contrae, los pequeños también pueden tener complicaciones si la desarrollan. No hay necesidad de arriesgarse.

Asimismo, muchas personas se cuestionan por qué continúa la inmunización contra enfermedades prácticamente erradicadas. La razón: aún cuando los casos de paperas, rubéola, tos ferina y sarampión son cada vez más raros, anualmente se diagnostican algunos, especialmente en los países con escasos índices de vacunación. Si no se mantiene a los niños inmunizados, las enfermedades pueden resurgir.

Efectos secundarios
Son muy raras las reacciones adversas a las vacunas. Ciertos bebés pueden ser alérgicos a algunas sustancias (como un antibiótico o estabilizador) y experimentar una reacción grave. Pero su ocurrencia es una entre 500,000 dosis. Las respuestas más comunes a la inmunización son dolor en el sitio de la vacuna y fiebre baja en las primeras 48 horas.

En los últimos 20 años las vacunas se han mejorado y sus efectos secundarios son más suaves. Son menos irritantes para los tejidos del cuerpo, al causar menos dolor y coloración en la zona de la aplicación. Las agujas son más finas y delgadas. El dolor del piquete no es tan intenso como piensas. Además, los bebés lloran menos y se calman más fácilmente cuando están rodeados y son consentidos por sus seres queridos.

 


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