Convulsiones febriles, ¿son peligrosas?

Toma nota de los consejos para que valores la situación

Convulsiones febriles, ¿son peligrosas?

Se presentan de repente, en ocasiones de forma brusca, pero no son peligrosas. Toma nota de unos consejos para que valores rápidamente la situación y te hagas cargo de ella.

Es muy difícil no impresionarte cuando se presenta un episodio de convulsiones febriles, sobre todo la primera vez. Sin embargo, es conveniente tranquilizar a los padres. En la mayoría de los casos, las convulsiones, a pesar del miedo que provocan, no dejan ninguna secuela en el sistema nervioso del niño ni ejercen influencia alguna en su salud y en su desarrollo psicofísico.
Por esta razón, es importante conocer este problema y saber cómo actuar en el caso de que se presente. Lógicamente, el susto será inevitable pero, si conocemos con detalle lo que está sucediendo, y sobre todo que no habrá consecuencias, resultará más sencillo tratar de mantener la calma y no abrumar al pequeño.

¿Qué son y cómo reconocerlas?
Normalmente, las convulsiones febriles se desencadenan como consecuencia de una elevación repentina de la temperatura, y sólo afectan a un número reducido de niños, aproximadamente, al cuatro por ciento. Por lo tanto, su aparición está necesariamente relacionada con la fiebre. Un aumento de la temperatura, aunque sea moderado, que se manifiesta de forma repentina, es suficiente para poner en marcha una crisis convulsiva, una especie de cortocircuito en el interior del cerebro del niño, que todavía no está suficientemente estructurado como para poder resistir un estímulo tan intenso. El período de riesgo de este tipo de crisis está comprendido entre los seis meses y los seis años de edad, cuando el cerebro todavía no está totalmente desarrollado. De hecho, antes de los seis meses, el sistema nervioso central aún está poco estructurado por lo que es muy difícil que se presente una convulsión causada por la elevación de la temperatura corporal. Una vez que el pequeño pasa de los seis años, la madurez cerebral es completa y las crisis son poco probables.
• Existen dos tipos de convulsiones asociadas a la fiebre.- las simples y las complejas. Las primeras aparecen como consecuencia de la fiebre y las complejas se deben a un daño neurológico.
• La mayoría de las crisis convulsivas son de tipo simple.- se presentan en niños que, sin tener ningún problema especial, se convulsionan por la fiebre alta.
• Hay tres elementos evidentes y útiles para reconocer una crisis convulsiva simple.- y excluir así la posibilidad de que el pequeño esté corriendo un riesgo inmediato o que pueda tener problemas en el futuro. Entérate cuáles son.
1. La duración.- la crisis empieza y termina en un intervalo de tiempo muy breve, que va de unos pocos segundos a un minuto, en el 90 de los casos. Raramente se prolonga durante más tiempo y , en cualquier caso, no debe durar más de 15 minutos.
2. La crisis es generalizada.- es decir, afecta a todo el cuerpo y no solamente a una parte.
3. No deja secuelas.- una vez que la crisis ha pasado, el niño se encuentra bien inmediatamente, a pesar de seguir teniendo fiebre.

Mantén la calma
Si la crisis entra dentro de los parámetros de seguridad que te hemos descrito, el consejo es mantener la calma. Los padres deben esperar a que pase la crisis, para poder hacer cualquier cosa. Si se trata de una convulsión simple, es probable que ni siquiera hayan tenido tiempo de ir al servicio de urgencias, cuando el niño ya esté bien.
• Sin embargo, no es fácil que papá y mamá se queden mirando de brazos cruzados ante una escena de esas características.- en muchas ocasiones, el miedo paraliza y no permite razonar con lucidez. En esos momento, parece imposible decir “no pasa nada”
• Antes de ir a urgencias, sería conveniente intentar valorar la situación y telefonear al pediatra para describirle lo que está sucediendo.- les dirá que no hay nada que temer y cómo deben actuar.
• Sin embargo, si no es posible contactar al pediatra o se sienten más tranquilos acudiendo al hospital, es mejor esperar a que la crisis haya terminado, abrigar bien al niño y dirigirse a urgencias.- una vez en el hospital, el pequeño será debidamente examinado y podrán quedarse tranquilos.
• En la mitad de los casos, la convulsión se queda en un episodio aislado y no requiere ningún tipo de terapia.- sin embargo, un niño que ha sufrido una crisis convulsiva febril podría volver a padecerla, especialmente si en la historia familiar se han dado otros casos.
• La única forma de prevenir las crisis es bajar la fiebre.- siguiendo la pauta indicada por el pediatra.

¿Qué hacer en estos casos?
¿Cómo se puede ayudar a un niño durante un ataque convulsivo?, lo primero que hay que hacer es tratar de que vuelva en sí, superando el susto inicial.
• Hay que tomar al niño en brazos.- procurando que su cabeza se mantenga inclinada hacia delante, para evitar que las posibles regurgitaciones afecten su respiración.
• Una vez hecho esto, hay que procurar que el niño sienta que estás con él.- acariciándole la cabeza y hablándole con dulzura.
• No lo tapes, por el contrario, es necesario aligerarlo de ropa.- o incluso desnudarlo con el fin de que la temperatura baje rápidamente. Hay que recordar que todo lo que está sucediendo se debe a la elevación de la temperatura y por lo tanto, lo importante es hacerla descender.
• Llamar al pediatra o si no está localizable, dirigirse a un servicio de urgencias.- para valorar lo sucedido. Si el pequeño ya ha sufrido una crisis, hay que prestar mucha atención cada vez que se manifiesten síntomas de riesgo, así como mantener la temperatura bajo control para poder administrarle el tratamiento en cuanto la fiebre empiece a subir bruscamente. La administración de medicamentos, en casos como éstos, se debe realizar preferiblemente por vía rectal, porque durante una crisis convulsiva es mejor que el bebé no trague nada, para evitar el riesgo de que se atragante.
 


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