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testostezona: ellas y su doble filo

TestosteZona: Ellas y su doble filo

TestosteZona: Ellas y su doble filo

Conócela para comprenderla

Las mujeres cuentan con una impresionante habilidad fonética para escoger palabras breves, precisas como dardos; y lanzarlas justo con el tonito necesario para que, aún cuando no digan textualmente algo, el mensaje nos llegue de forma contundente.

 O peor aún, son capaces de conectarnos la mejor de las cachetadas guajoloteras con un simple tono, un gimoteo. Un “Ah”, o “Mmm-hmm”.

Desde luego que estas habilidades, desarrolladas por siglos y probablemente ya impresas en su ADN, las aplican según la situación lo amerite: desde la seducción hasta el reclamo.

Lo más interesante del asunto es precisamente que esta es una habilidad mortífera y natural.

Una de mis mejores referencias de lo anterior es un maratónico chiste de Polo Polo (para algunas damas es la vulgaridad encarnada) donde describe toda la odisea que envuelve a un día de campo.

En esta descripción, después de que la esposa lo hace mover de lugar y cargar desde el mantel hasta la hielera, dice:

“Ya cuando por fin te sientas, le pides a tu mujer que te pase una cerveza. Te la da, y en el momento que la tomas dices: “¡¡@#!*/#, Los hielos!!”, la cerveza está caliente y sabe horrible, pero no dices nada para que no te digan nada.

Pero las mujeres tienen en su haber el tono ideal para decirte @#/*!#  sin decirte nada. Ella al ver tu gesto de repulsión ante el brebaje caliente te dice, remarcando dolorosamente lo obvio: ¿¿NO TRAJISTE HIELOS, PAPITO?? … ¡No, no traje hielos porque todos andamos malos de la garganta!”

Vamos desentrañando el asunto mediante ejemplos situacionales de los que seguro les habrá tocado alguno:

Situación A: la amiga o el partido

Justo el día que se da a conocer el calendario del torneo de futbol te das cuenta que en la jornada 12 viene el mismísimo y odiado América, partido al cual es tu deber como aficionado asistir y que has estado esperando por meses, ella te dice: “ay, es el mismo sábado de la boda de mi amiguísima Lucy…Porque, ¿sí vamos a ir, VERDAD?”.

Entonces el hombre queda atrapado en una decisión de vida, entre dos amores, entre la espada y la pared. Pero el tono lo avisa todo, sobre todo el hecho de que la pregunta no se hizo con intención de preguntar.

Situación B: los trapos que traes puestos.

Ella te avisó desde hace 15 días que para este viernes no hicieras compromisos porque van a ir a cenar para que conozcas a sus amigos de la oficina. Hasta ahí todo bien. Ella, inusualmente, está lista a tiempo.

Entonces el hombre sale con un atuendo que no dice algo más allá de: “es viernes, la semana estuvo pesada y quiero estar cómodo”. Digamos una camisa polo, jeans y unos zapato-tenis que tal vez no combinen del todo.

Ella lucha por disimular el completo desapruebo de los trapos elegidos, pensando probablemente que no pudimos haber elegido peor, y suelta una frase envuelta en una tela de ternura que esconde un aguijón: “¿ASÍ TE VAS A IR VESTIDO?”

Situación C: noche con la raza

En la tarde te habla un amigo, te pregunta si tienes planes (no los tienes) y te dice que armen una cena o partida de póker o lo que sea entre la raza hombruna que tienes 15 días, o más, sin ver.

Desde luego el hombre responde entusiasmado al llamado de la selva para reunirse con la manada.

Él se comunica feliz con su pareja para avisarle que se reunirá con los otros primates.

Ella disimula una sonrisa y le dice con voz de terciopelo: “Ah ok…que bueno. Sí, ve. Aunque yo te quería ver hoy. Te voy a extrañar. Pero bueno, diviértete”

Queda clara la encrucijada, el corazón machucado, el dilema planteado; y sobre todo, el intento de sembrar un sentimiento de culpa que nos haga desistir de la idea.

Conclusiones

A los hombres no solo nos disgusta, sino que se nos dificulta andar por las ramas, darle demasiadas vueltas a un asunto.

Desde el cacahuate que dentro de la cabeza del hombre genera ideas domina esta lógica: si hay algo que decir o un problema que resolver es más rápido y efectivo llegar en línea recta que en espiral.

Ojo, no significa que una postura esté bien y la otra mal, en esto no hay verdades absolutas.

Solo tengamos en mente una cosa que nos ha enseñado la siempre confiable filosofía popular: en el pedir está el dar.

Tratemos de pedirnos las cosas civilizadamente, y decirlas como son. Recuerda que el interés del hombre no es adivinar un problema, sino solucionarlo.

Gilberto P. Miranda para TestosteZona

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