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testostezona: así son sus amigotes

TestosteZona: Así son sus amigotes

TestosteZona: Así son sus amigotes

♪ No hay saludo más verdadero que el de sus manos encalladas ♪

No hay un verso que sea más bello
que el de sus tartamudeos,
ni ofrecimiento más sincero
que la mitad de su cero.

 

Ellos son así, con sus disfraces de vaqueros,
pero dispuestos a invitar a los sioux a cenar.
Ellos son así, como románticos piratas
intentando navegar en un mar de asfalto gris.
Ellos son así, mis amigos son así.

-“Ellos son así” de Alejandro Sanz

 

Los hombres nos movemos en manada.

 

Como lobos de la estepa, escogemos a aquellos especímenes que nos irán compartiendo la vida, como compañía, como apoyo, como risa y lealtad.

 

 Esos otros lobos tan pardos como uno: los amigos.

 

Y la metáfora lobezna es válida, porque estoy seguro que muchas veces cuando las mujeres nos ven saludarnos, golpearnos, gritarnos, arrebatarnos la comida e insultarnos hasta extremos máximos, nos ven con una curiosidad y/o espanto digna del Discovery Channel.

 

Desde luego que conforme avanza el reloj vamos teniendo oportunidad de formar distintas manadas: los cuates de la secu, los de la prepa, los de la carrera, los del trabajo y así va creciendo la lista.

 

Para un hombre su “grupo compacto” de amigos es un eje de la vida.

 

Cómplices y confesores; consejeros, compañeros y maestros sin querer.

 

De todo un poco son y somos.

 

Desde luego que cuando un hombre está soltero y sin compromisos dedica grandes cantidades de tiempo a los cuates, sin necesidad de excusas: la cascarita futbolera, una carne asada nomás porque sí, una ida a cenar, al estadio, una sesión de videojuegos o cualquier otra insensatez que se nos ocurra.

 

Pero entonces, llega ella.

 

Y ella viene a remover un equilibrio que parecía perfecto, como conspirado por el universo mismo y que ingenuamente, los hombres creeemos inquebrantable.

 

De pronto y sin más aviso que la ausencia queda vacía una de las sillas en la mesa redonda y en un parpadeo la legión ha perdido uno de sus caballeros andantes.

 

Y una parte importante del tiempo de las reuniones se dedica a opinar sobre el status del caballero perdido y a hacerle un poco al vidente, adivinando el futuro: “vas a ver que no dura ni el mes y lo batea”; “se va a echar para atrás”; “pues chicle y pega”; “no, ya lo perdimos”.

 

Desde luego que esto significa una preocupación, porque es como de repente a las juntas de la Liga de la Justicia dejaran de asitir Batman o Flash.

 

A esto sobrevienen normalmente dos procesos: la carrilla y la adaptación a la nueva modalidad.

 

La carrilla porque se le reprocha al ausente, cuando llega a aparecerse, el abandono de su puesto, el cambio de la armadura por el mandil y tal vez la realización de actos que juró y perjuró nunca hacer, como comprar un perro mutante de peluche, a veces de mayor altura y peso que la damisela que lo recibe.

 

Pero en el fondo estos “reclamos” no tienen una finalidad dañina, son solamente la forma de decir que duele; sí, duele perder a un compañero de tantas batallas.

 

Y hombre, tal vez exagero con decir el verbo “perder”, pero en un principio así se siente.

 

Y luego viene el momento del primer encuentro, cuando el caballero regresa con su doncella a la grupa de su montura y la presenta ante la mesa redonda y el resto de los legionarios, donde es examinada para ver si es digna de robarse a nuestro entrañable pelafustán.

 

La verdad es que no hay una general en estas situaciones.

 

Hay chavas que conectan casi de forma espontánea y se llevan bien con los amigos de su pareja; hay otras que no los pueden ver ni en pintura.

 

También están las diplomáticas a quienes esas creaturas rústicas que son los amigos de su sofisticado macho no le importan demasiado y les tratan decentemente cuando la ocasión lo exige.

 

Del lado de la manada es igual; hay desde las que “decidimos” (aunque nuestra opinión y decisión no tenga ningún peso real) que no son solo dignas, sino lo mejor que pudo pasarle en la vida a esa cosa que llamamos amigo; hasta las que las sentimos como un agente destructor de la armonía de la manada.

 

La única guía –por evitar la pretensión de llamarle consejo- que podría ofrecer a las féminas es la siguiente: valoren la importancia que tienen los amigos de su espécimen.

 

Por la sencilla razón de que nosotros SIEMPRE hemos estado, estamos y estaremos ahí para él.

 

NO estoy diciendo que ustedes no lo estarán (porque seguro ya estaban pensando que era pedrada), al contrario.

 

Mi punto es este: los amigos nos hemos visto entrar y salir de relaciones; desde la ilusión que deslumbra hasta cantar con ellos las más pegadoras canciones para que de al menos tantito gusto sufrir por la que se fue, hizo o deshizo o para llorar los tropiezos que nos hicieron perderla.

 

A veces alguno se aleja, nunca lo creemos perdido, como lobo que sigue el rastro, cuando la vida se lo pide, ya sea para bien o para mal; es recibido como lo que siempre será: parte de la manada.

 

 

Gilberto P. Miranda para TestosteZona

 

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