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testostezona: la mano y sus rituales

TestosteZona: La mano y sus rituales

TestosteZona: La mano y sus rituales

Los rituales son parte esencial de toda civilización

Nosotros no somos la excepción.

 Miramos con curiosidad en televisión documentales de otras culturas que realizan rituales religiosos o sociales que encontramos exóticos, fascinantes, extraños y hasta a veces terroríficos.

Pero nosotros claro que también tenemos rituales, solo que nos los vemos como tales debido a que son parte de nuestra vida diaria.

Por ejemplo, los niños al hacer honores a la bandera todos los lunes, el cantar las mañanitas y hundir la cara de alguien en betún en un cumpleaños y las costumbres que acompañan una fiesta de XV años.

Naturalmente, uno de los mayores espacios de expresión ritual es todo lo que rodea al matrimonio, acto que prácticamente en cualquier cultura tiene alta importancia y simbolismo.

En este caso nos concentraremos en un aspecto: la pedida de mano.

El término suena tan idílico que parece que va acompañado de un arpa mientras un gallardo pelafustán cabalga valiente al lugar donde lo espera el rey del sofá que decidirá si decide otorgar su permiso real para que la doncella de petatiux pueda abandonar el palacio del suburbio.

La costumbre de pedir la mano, que data desde la época medieval, no tiene un origen romántico, sino uno autoritario y utilitarista.

“Pedir la mano” era el eufemismo para el proceso de negociación que sostenían el novio y el padre de la novia, es decir, qué ganaría el padre por brindar su consentimiento.

Es decir, su hija vale más o menos cuatro hectáreas de tierra fértil para sembrar frijol bayo gordo, tres cabezas de ganado charolais, dos marranos sin influenza, una gallina ponedora y medio kilo de tortillas.

Esto desde luego era en aquellos años, hoy habría que ajustarlo a la inflación.

Desde luego estamos exagerando, pero la intención es leer entre líneas respecto a lo que este ritual significa actualmente.

En primera instancia, podríamos dejar en claro que ha dejado de ser un protocolo necesario para convertirse en un ritual ceremonial, en una tradición, que a los ojos de muchas parejas tiene cierto encanto y romanticismo.

La historiadora Beth Bailey señala que en Estados Unidos se está mostrando una tendencia hacia regresar a pedir la mano de la novia:

“Era una práctica común, basada en la noción de establecer alianzas entre familias y pasar a la hija, que era legalmente propiedad del padre, hacia el esposo… lo que estamos viendo ahora es una extraña combinación de gente joven con sentimientos progresistas y un deseo real por roles y arreglos convencionales de género” (Boston Globe, 2007).

Considerar que el ritual es una condición necesaria para realizar el casorio sería una concepción arcaica y machista, pues sería como cuando en el futbol negocian dos directivas para cambiar de equipo a un jugador.

De hecho, normalmente cuando se va a pedir la mano, esta se pide al padre, y la madre es una espectadora más del show, cuando si es que se decide “pedir” debería ser al equipo Pá-Má para darle un poco de equidad al asunto.

También muchas veces influye el respeto disfrazado de terror hacia los padres, pues muchas parejas que tal vez no consideran necesario o ni siquiera quieren cumplir con ese protocolo, lo hacen solo por complacer a sus padres y evitarse líos, circulando por el cómodo carril de baja velocidad que suponen las “buenas costumbres”.

Francamente la postura tradicionalista de requerir la autorización del gran patriarca ya no aplica.

Muchos realizan este ritual como una formalidad, una forma de respeto donde no se pide el permiso sino, digamos, “la bendición” de los señorones.

Las posiciones son encontradas; por un lado, los que ven en el gesto una tradición, una expresión de respeto y una muestra de formalidad; por otro, los que pueden incluso considerarlo una falta de respeto hacia su pareja, pues a fin de cuentas es ella quien decide o no casarse y no necesita permiso de nadie.

A este respecto, la Dra. Gail Bottom, psiquiatra neoyorkina y colaboradora del programa Today la NBC apunta que:

“Las tradiciones, linajes y roles de género acarrean gran poder, aún cuando constantemente van acompañadas por nociones que simplemente no aplican a la vida de hoy… Seguido las tradiciones son mantenidas solamente por el hecho de que son tradiciones, lo cual no es necesariamente una buena razón. No lo tomes personal. Si una tradición irrelevante o pasada de moda no funciona para ti, es tiempo de hacer cambios” (2007)

Quien lo haga, que sea porque tenga ganas, no porque “así se ha hecho siempre” o “es la tradición” sin detenerse a pensar en las implicaciones.

Simplemente definan su postura y decidan qué es lo que mejor les acomoda.

Gilberto P. Miranda para TestosteZona

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