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juanita moreno: con mucho amor para dar

Juanita Moreno: Con mucho amor para dar

Juanita Moreno: Con mucho amor para dar

Mujer regia que cría y ama a más de dos docenas de hijos como si fueran suyos

Toda madre daría su vida entera por sus hijos…

Pero, ¿te has puesto a pensar en el sentimiento que generan los hijos no propios en una madre adoptiva?

Ella es la regiomontana Juanita Moreno, que llevó su amor más allá de dar vida a dos hijos, José Antonio, ahora de 60 años, e Isidro, de 57, a quienes procreó con su esposo ya fallecido, Isidro Peña.

En distintas formas y circunstancias llegaron poco a poco a su vida 26 hijos, aproximadamente, que el destino le llevó hasta su hogar para acompañarlos y guiarlos durante sus primeros años de vida hasta la madurez, y en otros casos, para cuidarlos por cortas o breves temporadas.

El número no es tan exacto, pues al momento de ennumerarlos, Juanita pierde la cuenta con una sonrisa. Lo mismo pasa cuando se le pregunta por sus nietos y bisnietos.

Teresa, Ángela, Alejandra, Pilar, María, José, Eusebio, Ofelia y Alejandra, fueron los primeros hijos no propios que ella amó y cuidó… eran hijos de su tía Teresa, quien se los encomendó en su lecho de muerte.

Después llegaron Ramón, Antonio, Arturo, Sandra, César, Maribel, María Antonia, Juan, Margarita y Lupita.

“Mis hijos tenían mucha necesidad, por eso llegaron conmigo; otros, porque eran primos hermanos míos, otros eran huérfanos, otros me los regalaban, así era en otros tiempos… pero sólo dos de todos esos hijos Ramón y María Antonia, tienen mis apellidos”, dice a nosotros2.

Así como lo hizo con José Antonio e Isidro, a todos ellos les dio educación, vestido, atención médica, un techo en dónde vivir y los crió hasta su edad adulta; pero, lo más importante, les dio la oportunidad de conocer ese amor incondicional y genuino que sólo una madre puede ofrecer a sus hijos.

“Tengo otros seis más, pero ellos estuvieron temporadas de algunos o años o meses, eran huerfanitos o enfermitos, que después se fueron con su familia o sanaron, pero también los considero mis hijos”, explica.

De sus padres, Antonio y María, Juanita heredó esa vocación por ayudar a los desamparados; además, desde hace más de 15 años visita a enfermos mayores y trata de ayudar a familias sumamente humildes y por si fuera poco, también es voluntaria vicentina en la que milita desde hace más de 40 años.

Su padre fue ferrocarrilero, oficio que hace muchos años era asociado con la prosperidad.

“Al inicio todo fue posible por mi papá… él me ayudaba a que no faltara la comida para todos ellos; ahora no nos falta nada, teniendo frijolitos se puede vivir”, confiesa.

Las propiedades de su padre, quien murió hace más de 20 años, poco a poco se fueron perdiendo conforme fueron ayudando niños y demás gente necesitada. De él sólo queda una humilde vivienda, que es donde vive Juanita.

Aunque parezca increíble, ella inculcó a todos esos hijos el amor hacia sus verdaderos padres.

“Ellos saben perfectamente bien todo, porque si se enteran por otro lado sería peor… a partir de los siete años les dije, nunca les negué el cariño de sus padres… ellos podían venir por ellos en una edad determinada”, dice.

“Nunca hubo diferencia entre todos ellos y mis dos hijos… ellos dos aceptaron todo esto, ellos seguían mi ritmo… no hubo diferencias, a todos les di y doy por igual”.

A la fecha, Juanita, de 83 años, vive con Lupita, su hija menor y quien ahora tiene 22 años de edad y que llegó a su vida cuando ésta tenía tan sólo ocho meses de nacida, tras fallecer su mamá, a quien esta mujer conocía.

“Recogí a Lupita cuando murió su mamá, en el panteón… me la traje para la casa junto con su hermano Juan para ayudarle al señor (papá de los ahora jóvenes).

“Los tuve un año y medio hasta que el señor se volvió a casar y se los llevó. Pasaron cuatro años y ellos se separaron y la mujer llevó a Lupita al DIF, me llamaron y les dije ‘agarren un carro (taxi) y aquí se los pago’ (para llevarle a Lupita), pero me dijeron que no sería tan fácil, que investigarían.

“Lupita estuvo en el DIF como dos meses y medio, hasta que me llamaron para decirme que habían fallado a mi favor y me quedé con ella… ahora estoy esperando la hora de Dios y ella me preocupa, aunque sé que no se quedará sola”, dice.

Con la ayuda de esta mujer, la joven terminó la secundaria y una carrera comercial.

Ahora, Juanita sobrevive con la ayuda ocasional de uno de sus tantos hijos y el envío puntual de dinero que mes a mes le hace una de sus hijas adoptivas, Ofelia, quien vive en Texas.

Dios otorga una fuerza especial a las mujeres, pero esta madre para siempre es un claro ejemplo de amor incondicional y sin reservas.

¿Si volviera a nacer, volvería a hacer todo esto?, se le preguntó.

“¡Claro que sí!...Ahora para estar más tranquila quisiera estar en un asilo, acompañar a los viejitos unas dos horas, para ver qué necesitan y ayudarlos… lavar trastes, lavarles su ropa”, dice, “Yo estoy muy feliz, tengo mucha felicidad… tengo además como 12 nietos y ocho bisnietos… le digo que ¡soy rica!”.

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